Que no vendas ni alquiles
un cuarto de tu cuerpo,
comandante.
Ni a la revolución ni a los hombres
ni a Diciembre ni al sueño ni a los soñadores,
ni mucho menos a las monjas.
Porque eres tú
una serbatana cargada de Diciembre y revolución
un bolsillo con soñadores y sueños enrolados
pero no eres de nadie, Bubulina.
Y espero que no remedies esa fantástica situación.