no estaríamos liquidándonos el uno al otro
no me cornearías en San Fermín
no le pondrías veneno a mi desayuno.
Yo estoy aquí frente a ti
de pie y desarmado
(dejé el chaleco antibalas en el armario)
y te pido así como me ves
una tregua un pase para ir al baño
tranquilo
no correr peligro al despertarme
y saber que esta guerra
sí es eterna mi amor.