El niño hacía la voz y los insultos de los personajes de los juguetes que tenía en las manos, haciéndolos chocar el uno con el otro de una forma más que torpe, sin darse cuenta que el verdadero juguete era él mismo mientras sus dueños sonreían con bocas de plástico y pintura.
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Trataba respirar entre llamas y cenizas y creía que era mejor así. ¿Para qué-se dijo- yo querría una casa así? mientras intentaba salir. ¿Una almohada de plumas, una cama de dos plasas, un televisor respetable, unas sábanas agradables, una hermosa e infiel esposa? Se decía mientras tiraba al suelo el vacío cuerpo del balón de gasolina y salía de la casa que se derrumbaba a sus espaldas, donde habitaba la boca muerta y envenenada de la mujer de mirada de cielo...