siento cómo se me revienta
(figurativamente, no se afligan)
la cabeza
y cae sobre mí un niño con dagas en lugar de manos que me quiere reemplazar:
sus ojos nacen como el Sol
a las seis AM,
la noche lo acompaña y la oscuridad también
-tratan de hacerme desertar-,
solo sus ojos dan luz, tenue, pero luz
y yo, recostado en mi cama como estoy,
la veo avanzar hacia mí
como una lluvia de estrellas fugaces
o una niebla de mariposas muertas
y no hago nada por detener
su mano
que se adentra
en mi corazón frágil
como macetero de sangre desangrándose
con luz, tenue, pero luz
a las seis AM.