Un cuadro sale corriendo por la puerta, pero yo en la ventana
prefiero ver caer elefantes
sobre la casa de mi enemigo.
Presiento que el cielo se va a caer
y me compro un martillo bipolar
y estornudo laureles.
Cuando el viento se lleve mi piel entre sus brazos
meditaré en un silencio a todo volumen
con la cabeza molida contra la mesa
y una rata en lugar de cepillo de dientes.
Y cuando por fin termine mi encubación
y me mire al espejo
y vea una mariposa
me acostaré entre glaciares
o columnas de fuego
o en el ombligo del cabello
de mi musa que no me conoce,
por fin destilar mi mente
y contemplarla como por primera vez.