miércoles, 18 de junio de 2014

Sonríe la noche la noche se acaba
se despide cordial despista con trucos
la noche abusa de esquinas y cierra los ojos
por eso telarañas en las bocas de madrugada
se ha encontrado media encorvada la tetera
y veneran los gatos las puertas abiertas
la ropa tendida y colchón.

abundancia.

Abundancia cuando el viento está cerca

es abundancia si el tiempo está muerto
y rebosa vino en las narices dormidas
hay también abundancia en cada sueño
en cada célula de cada sueño
en cada pelo de cada cuerpo
hambruna hay en cambio
en el tópico institucional de la vestimenta
hay hambruna escondida en los supermercados
las librerías y los bolsillos
hambruna se despierta temprano
ni siquiera bosteza
para no llamar ni despertar a la abundancia
a la abundancia de manos y uñas
abundancia de bocas y besos
en territorios poco reglamentados
en sectores no conquistados
la abundancia desnuda sonríe
aún a solas o quizás sobretodo
porque de repente hay hambruna
en las palabras sumergidas de compañía
en las dobles mesas antes de comer
y en la boca que come aire
colapsado en hambruna maquillada
si existe la abundancia está escondida
y nosotros dando la cara
estamos más que jodidos.
dialogando con los maestros
me reconoce la tarde promisoria
degenerativamente de un segundo a otro
- a solas
evolucionó mi habla en improperios auténticos
manchas mestizas del calor y la bronca
en una barca imposible
cazando sirenas en un mar invisible
y salpicándolo todo
los bigotes el suelo las esquinas
añadida la presencia arrepentida.
son luces que se apagan.
ensombreciendo la pared blanca.
Los exploradores perdidos llegan en bandadas
unidos bajo la lluvia
tomados de las manos a sus casas empolvadas
de tiempo y óxido
teteras chillonas silenciadas hará cuánto tiempo
y tierra húmeda bajo el largo pasto
-toda la vida-
regresan excitados
con el olor de la cocina
con un espejo por limpiar
con la ducha inútil
con la amnesia del confort
se despiden de las paredes
apagan las luces
con suerte dejan un plato una cuchara o una taza sucia
ven caer la lluvia
se toman de las manos
y se van a perderse en bandadas
en un ciclo eterno
cansado de tiempo y estiércol enterrado.
Despierto y abro mis ojos
atento a un cielo manchado
hablo con el día que aún no ha empezado
y busco a mi desdromedario
y busco
a mi desdromedario.
Echo mi cuerpo a la calle
a la rutina que amarga la muerte
aglutino momentos pequeños que no han sido aplastados

y busco                        a mi desdromedario
se ha ido                         mi desdromedario  
Lo busco no lo he visto
no jamás  pero lo busco
y busco con garganta a  mi desdromedario
ciego busco a mi desdromedario.

Muertejida.

Arácnida se acercaba la araña, mecánica como reloj. El reflejo de su sombra en los muebles lustrados anunciaba la muerte en la soledad antropomorfa de la casa, justo cuando abrían la puerta y la cruzaban (uno tras otro), una pareja de a dos. Prácticamente la charla erótica, alcohólica y errática se desprendía torrencial diluvio balbuceante, pájara, a ratos profunda y de buen gusto, entorpecida por los tropezones inevitables en la obscuridad violada contra los mismos muebles lustrados que, más que reflejo, una diminuta sombra guardaba en sus lomos. Una puerta se abrió en la cocina y dos vasos bajos se acoplaron a la imagen más varonil y de menor estatura, vasos que fueron comprados en un extremo de alguna feria olvidada en una calle olvidada, de una ciudad que no recuerdo, puro polvo, vasos que fueron llenados con vino, uno más allá del borde vertical ascendente y que dejó, como suele suceder en similares situaciones, un círculo burdeo, una aureola de fruta (circular) fermentada. Los pasos de cuatro pies descalzos se encontraron a medio pasillo y los pasos poco perceptibles de ocho patitas avanzaron en dirección fúnebre a la pieza, por debajo de la puerta, hasta la cama sin hacer. Un olor alquitranado sumergió la sala de sillones, flotó entre un florero atestado de flores falsas y una radio que hacía girar otra figura circular; luego agarró vuelo intentado escapar por ventanas semiabiertas de aquella muerte palpitante, una situación desflorada. Para descansar soñando, la muerte camuflada de vida se sorprendió tendida entre sábanas de poliéster sin sueño, atrapada en el umbral permanente de la acción presente y la próxima, aquella dilatada por el jolgorio, la hembra y una irónica carencia de pulcritud tan familiar y esperanzadora, tan de mortal. No se sabe si la palabra mal interceptó seductor-seducida, pero lo siguiente a oír fueron pasos-portazo-más pasos-un encendedor-sillón-vaso-garganta-pasos-resortes de cama y un cuerpo horizontal, como en un ataúd prematuro, quedó respirando cada vez más lento y cada vez más lento. El contacto con la piel sudada y notoriamente sexualizada enervó un deseo mortal de posesión en la muerte, que es una vieja cochina hüena pa´enamorarse. Besó el tejido carnoso a su paso entre los vellos y entre los pezones (inhabilitados para la magia de la lactancia), que subían y bajaban y ella recorrió aún más, como escalando un cuello mal afeitado, texturizado, sexualizado. A momentos, confundida, susurró "amo" y se sintió pequeña y servicial, una esclava sin nylon ni látex. La fragancia a noche borracha, a fuego consumido y brasas adyacentes, arropadas en las entrañas del amante dormido; todo era un cuadro degenerante. Un beso y la contracción muscular-dérmica, el proceso alterado con intenciones de supervivencia, una tráquea inútil, la desnudez y la danza cansada, el eco de un silencio redondo y el reflejo de la sombra arácnida de una amante peligrosa silbando sobre los muebles lustrados, la ventana, la calle.

martes, 13 de mayo de 2014

Anochece

de nuevo la gota se renueva
en un pozo que pernocta rectámbulo
acecha la trompeta del ronquido reconocido
y hedan terrible los cadáveres adormecidos
de pie me arriesgo a la electricidad
de la ventana rota que cubre el humo
la noche ha entrado nuevamente
y se renueva en cada esquina gotera pasos
que alguien vuelque el territorio estepario
aprovechando la vigilia postergada
y la náusea aparcada en las luces.

amanece

El máximo deterioro natural
cuando amanece las zapatillas o la tierra
todo se convierte poco a poco en piedra
bajo el fuego que perpetua la llama del sol y se siga llamando estrella
todo retorna sobre sí
se cubre de próximas extremidades 
se despiertan buscando el fusil 
para sonreír prósperas nimiedades
aceiten refrito o cisarro mojado
cubierto de juicio cubierto de "razón"
arqueado de espaldas
bailando triste la mueca de los golpeados
se despierta entonces 
todo el mundo con la misma mueca.
Desglose todo en seguida
la mentira se apodera de noche.