hoy soy la niña más bonita
el mejor camino el más pedregoso
cactus que reparte sabiduría en cada pinchazo
pero nadie se acuerda mucho de mí
será porque morí un veintisiete de julio
de no sé qué año ni dónde
y mi sombra quedó hilvanada
al camino al cactus y a la roca
a la luna que orbita a los perros
que encontraron mis huesos momificados
como quien encuentra un billete en su jardín
como quien se reconoce en un charco sobre el cemento
como quien se encuentra cara a cara con el futuro
siendo que las ciudades escapan aún de mi risa
y las aves aún se preguntan
cuánto quedará de viento entre las esquinas de sus nidos impenetrables
como si cantaran las canciones que forman tornados
aterrados en cada pluma con sus propias voces
aterrados los visitantes de mi linda lápida
infinita como la distancia entre mis brazos.