Quiero hablarte sin palabras
y que me entiendas:
la fuerza magnética de tu silencio
sabe cómo callar mi voz
pero yo no sé si me entiendes
entre tanto vacío tan redondo y punzante.
Estamos casi mudos
pero tus ojos gritan desde su prisión
en un dialecto dormido
que creo poder descifrar
y afuera el viento golpea con cuidado
las hojas de los árboles
para que no escape ni un sonido
de sus labios de madera
y su salud callada.
Espero no decirte nada
y que tú me entiendas todo
como un juego perverso y sin ruido
ni bocas alborotadas
ni estrellas en nuestro infinito
ni rumores en nuestro secreto
ni ladridos lejanos
y que sigas mirándome así.
Voy a hablarte sin palabras
y me entenderás
traduciendo mi vergüenza.