Las bibliotecas tienen olor a palomas muertas
porque últimamente todo
tiene olor a palomas muertas.
No puedo caminar frente a un árbol
porque me pongo a llorar
cuando me imagino a la paloma en el suelo.
Me tapo las narices en el supermercado
y en la plaza y en los cafés.
Si miro al cielo de noche
no puedo evitar preguntarme
cuántas palomas cayeron.
Si busco la llave de la puerta
busco alas arrancadas,
un indicio de putrefacción
porque últimamente
todo tiene olor a palomas muertas.