viernes, 24 de abril de 2009


El silencio de los tambores, la expectación de los latidos, un corazón que se arroja, que gira, que baila. Mañana será noche y no hay nada peor que mañana. Mañana será frío y los niños de la calle se mueven para no congelarse. Mañana será infinito y tú no te darás ni cuenta con el ruido de los pasos del asesino tras la puerta. Pero la puerta se abre y solo entra el frío y el grito de los tambores, que lloran y se revuelcan por el suelo. Pero nadie te oye, estás solo en el suelo, arrojado como ropa sucia en una esquina y no hay nada más cruel que la ropa sucia en una esquina. Los fantasmas pasan a tu lado, te ignoran. Los aborígenes pasan a tu lado, te ignoran. Los piratas pasan a tu lado inmutables, te ignoran y todos ellos saltan como monos con navajas y tajos en los brazos. Tú eres un bulto que nadie quiere cargar. Tú eres una espina indeseable, una foto corrida, barro en el zapato. Te das cuenta, por fin, te das cuenta. No queda nada que hacer. Corres, saltas, te masticas, te dinamitas y explotas. No queda nada. Sólo te queda bailar escuchando tambor.