En el claro de un bosque duermen las angustias abrazadas, reconfortadas, respirando suavemente. Las criaturas las observan pero no las tocan. Un día el hombre abrió camino destruyendo a su paso y encontró tan hermosas a las angustias, tan compañeras entre sí-todas abrazadas-, que las despertó una a una y se las llevó de la mano a vivir consigo.