domingo, 27 de julio de 2008

Toco Tu Boca


"Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua".
Rayuela.
Julio Cortázar.

jueves, 24 de julio de 2008


Se hacía tarde y el viejo bajaba las escaleras de dos en dos, a saltos y a asaltos de desscontrol delirante gracias al apuro.
Su corazón anciano no era el mismo de hace cuarenta años fisicamente, pero vió a su esposa y no importaba si caía de golpe y se abría la cabeza como un huevo.

Ella, su esposa, llevaba ese vestido azul que más de una noche quitó el anciano, esos aros que habían rozado su ombligo y esos tacos altos que ya le habían tocado la pierna por debajo de la mesa de algún restaurante caro y muy hipócrita, como un cementerio con mesas y platos a la carta.
No la iba a perder de nuevo.
No iba a dejar que se le escapara.

Su corazón palpitaba descomunalmente y su frente sudaba de modo parecido; sus piernas iban lo más rápido que podían.
Ella no estaba tan lejos como todos decían.
Ya no.

"Si la pillo, me agencio su boca" se decía para el fantasma pensante que habitaba en sus adentros.
"Le diré tantas cosas que no le dije; le besaré tantos besos que no le besé; la acariciaré tantas veces que mis manos se cansarán y sin embargo seguiré dibujándola con mi mano interminablemente".

La gente a su al rededor era un estorbo: los volaba y hacía muecas de felicidad como un niño otra vez.
La sonrisa, esa que había perdido no sé dónde, se dibujaba con fuerza en su cara.
Sus manos, sus "putas manos viejas" ya no eran tan viejas ni tan huesudas ni tan arrugadas.
Su cabello no era ni tan escaso ni tan nevado.
Su corazón ya no se quejaba ni le trinaban los huesos ni tartamudeaba su boca ni se le caía la dentadura como un bulto de más ni ella se encontraba tan distante en tiempo y espacio.
Los dos eran nuevamente jóvenes, idiotas y enamorados (que son casi lo mismo) y risueños, con flores en las manos, ideales en la mente y promesas en el corazón.
Nada podía destruir la hermosura que renacía en sueños de un anciano viudo y deteriorado por los años.
Nada ni nadie podía destruirla más que la realidad, el Sol en la ventana o el despertador a un lado de su cuerpo tumbado sobre la cama de un asilo tóxico a gritos y a silencios, a sueños y a pesadillas.
A cruda realidad.

lunes, 21 de julio de 2008


Me gusta mirar por mi ventana en dirección a tu casa. Me gusta creer que en esos segundos en que saco mi cabeza al aire, en tu cabeza esté la imagen de mi cabeza saliendo al aire, creer que desvías tus pensamientos hacia mí, que cuando miro una nube tú miras la misma nube y así yo poder darte un beso en la boca a través de este vacío de ti que inunda las horas y las calles y los cines. Me gusta creer que estas escuchando la misma canción que yo y que a ti te gusta creer que yo estoy escuchando la misma canción que tú y así tener un indicio, una señal, una frágil pista o desvarío de que no estoy tan solo cuando estoy solo, o que estoy doblemente acompañado contigo: la tú que me acompañas de la mano y la tú que te imagino imaginándome si miro por mi ventana aún si estoy contigo.

lunes, 14 de julio de 2008

Camino


Camino por las calles de esta ciudad herida de smog, escupitajos, miradas discriminadoras, gente que vive en la calle, gente que traiciona a su gente, gente que mata a su gente.


Camino y el día es gris, el cielo es gris y está enojado, vomita frío. En cada esquina hay perros destrozando bolsas de supermercado con basura. En cada esquina está la oportunidad de que todo cambie de pronto; nada cambia. Sólo más departamentos y más perros hambrientos y más grietas por donde se escapa la humanidad.


Camino y pienso una canción, la tarareo para no prestar atención al ruido de motores que pasan a mi lado, el ruido del grito que se enmudeció en la boca del indigente, callado por el frío en este día tan gris.


Camino y podría contar las colillas de cigarros en el suelo o las latas de cerveza o las plazas rotas, quebrantadas o las pocas estrellas que se ven. Puedo oler bencina y suciedad y excremento.


Camino y no siento mis pies.

Camino y te pienso mientras veo cómo toda una civilización se va a la mierda, mientras tarareo la canción que te gusta tanto, mientras miro la punta de mis zapatos con impotencia en las manos y el cerebro, mientras todo queda muerto detrás mío, te pienso, pienso tus ojos, tu pelo, te pienso y puedo soportar un balazo en el pecho, una burla en mi rostro, un paseo por el abismo...

domingo, 13 de julio de 2008

Madre hay una sola

"El hijo de la esquizofrénica tuvo siete madres"

Sol a Mediodía
Alexander Jodorowsky
Corrió por las indescentes calles de antirrealezas de la mente mientras sus ojos seguían cerrados, su boca callada, su cuerpo en una cama y sus familiares a su lado.
La calle lloraba y, de momentos, se le escapaba un grito de tren enojado. Habían miles de gatos negros como la noche desfilando con los ojos bajos, pero no había ninguno. Un árbol le echó una ojeada espía y asesina y se le cayó por entre sus babosos dientes de madera, sabia. Él, por su parte, seguía corriendo.
En la casa dominaba el silencio, las lágrimas y los mocos. Un enorme cerbero vigilaba el patio mientras la noche se ennochecía más y más.
Por la calle pasó un gran viento con hojas del brazo que golpearon la espalda del corredor. Y en la habitación debieron cerrar la ventana por el frío. Los ahogados respiraban fuego y olían a mar.
En la calle un anciano reía sin dentadura mientras lo apuntaba con un dedo deforme y quebrado. Su barba descuidada sangraba de cerveza y sangre tan roja como amarilla. En su mano un vaso se posaba, y en el vaso cesos de una nueva invención: un ser humano. "¡Que maravillas hace la tecnología!" balbuceaba sin dejar de apuntar al finado. Pero ese dedo no era sólo dedo, era carne con uña; y esa uña acribillaba los pensamientos como fragmentos de pesadillas, vidrios y espejos.
Los peores pensamientos cruzaban por la mente de esos familiares y amigos al ver ese cuerpo tendido sobre esa cama infinita. Uno de los presentes ya buscaba una botella embriagadora, la que fuera...; y otros tres estaban inmersos en el humo que expulsaban sus bocas junto al cigarro en sus manos gastadas.
La calle terminaba en unas dos cuadras, chocando contra una casa algo mansión, mansión algo castillo, pero mansión. Estaba pintada completamente de ojos venosos, curiosos y otros preocupados. De todas las tallas, colores, edades, profesiones y tendencias políticas.
Ya sólo faltaba una cuadra para el impacto asesino. Volteó la vista atrás, pero todo había desaparecido: los gatos, las hojas y su viento, el anciano y la calle. Lo que persistía era la bulla de gritos delirantes.
Él abrió la puerta sucia del todo.
En la pieza, la casa, se escuchó el más infernal y acosador silencio. Todos se cegaron de lágrimas al ver un cadáver en la cama. El corredor también lloró, pero de terror, de espanto, al ver su propio cuerpo inmóvil, inerte detrás de la puerta, sobre la cama ensangrentada de penas y llantos. Acribillada por los años.
El payaso del circo se abrigó con su abrigo sucio y viejo, apolillado que no abriga, se destiñó la cara con agua y jabón, se tapó su cabeza calva con un sombrero, reclamó la miseria por la que trabajaba y lloró por las calles grises...
El globo que yo inflé me dejó
El globo que reventé me persigue
El globo que evito me busca
El globo que quiero se esconde
El globo de mi infancia me olvidó
El globo que dibujo se suicida
El globo que desconosco me espía
El globo que acribilló el cielo no vuela
El globo que asesino no muere
El globo que torturo no llora
El globo que sueño es mi vecino
El globo que deseo no se vende
El globo que me araña no tiene manos
Al globo que le grito no escucha
El globo que vomito no está disuelto
El globo que compro es ilegal
El globo que tengo no me pertenece
El globo que vuela no es libre
El globo que libero se encadena
El globo que desheredo me asesina
El globo que manejo se descontrola
El globo que ignoro me toca y me besa
El globo que dejo inconsciente abre los ojos
Al globo que le saco la madre es huérfano
El globo que yo amo a llorar no es un globo
El globo que venero...sólo es un globo