
Camino por las calles de esta ciudad herida de smog, escupitajos, miradas discriminadoras, gente que vive en la calle, gente que traiciona a su gente, gente que mata a su gente.
Camino y el día es gris, el cielo es gris y está enojado, vomita frío. En cada esquina hay perros destrozando bolsas de supermercado con basura. En cada esquina está la oportunidad de que todo cambie de pronto; nada cambia. Sólo más departamentos y más perros hambrientos y más grietas por donde se escapa la humanidad.
Camino y pienso una canción, la tarareo para no prestar atención al ruido de motores que pasan a mi lado, el ruido del grito que se enmudeció en la boca del indigente, callado por el frío en este día tan gris.
Camino y podría contar las colillas de cigarros en el suelo o las latas de cerveza o las plazas rotas, quebrantadas o las pocas estrellas que se ven. Puedo oler bencina y suciedad y excremento.
Camino y no siento mis pies.
Camino y te pienso mientras veo cómo toda una civilización se va a la mierda, mientras tarareo la canción que te gusta tanto, mientras miro la punta de mis zapatos con impotencia en las manos y el cerebro, mientras todo queda muerto detrás mío, te pienso, pienso tus ojos, tu pelo, te pienso y puedo soportar un balazo en el pecho, una burla en mi rostro, un paseo por el abismo...