
Se hacía tarde y el viejo bajaba las escaleras de dos en dos, a saltos y a asaltos de desscontrol delirante gracias al apuro.
Su corazón anciano no era el mismo de hace cuarenta años fisicamente, pero vió a su esposa y no importaba si caía de golpe y se abría la cabeza como un huevo.
Ella, su esposa, llevaba ese vestido azul que más de una noche quitó el anciano, esos aros que habían rozado su ombligo y esos tacos altos que ya le habían tocado la pierna por debajo de la mesa de algún restaurante caro y muy hipócrita, como un cementerio con mesas y platos a la carta.
No la iba a perder de nuevo.
No iba a dejar que se le escapara.
Su corazón palpitaba descomunalmente y su frente sudaba de modo parecido; sus piernas iban lo más rápido que podían.
Ella no estaba tan lejos como todos decían.
Ya no.
"Si la pillo, me agencio su boca" se decía para el fantasma pensante que habitaba en sus adentros.
"Le diré tantas cosas que no le dije; le besaré tantos besos que no le besé; la acariciaré tantas veces que mis manos se cansarán y sin embargo seguiré dibujándola con mi mano interminablemente".
La gente a su al rededor era un estorbo: los volaba y hacía muecas de felicidad como un niño otra vez.
La sonrisa, esa que había perdido no sé dónde, se dibujaba con fuerza en su cara.
Sus manos, sus "putas manos viejas" ya no eran tan viejas ni tan huesudas ni tan arrugadas.
Su cabello no era ni tan escaso ni tan nevado.
Su corazón ya no se quejaba ni le trinaban los huesos ni tartamudeaba su boca ni se le caía la dentadura como un bulto de más ni ella se encontraba tan distante en tiempo y espacio.
Los dos eran nuevamente jóvenes, idiotas y enamorados (que son casi lo mismo) y risueños, con flores en las manos, ideales en la mente y promesas en el corazón.
Nada podía destruir la hermosura que renacía en sueños de un anciano viudo y deteriorado por los años.
Nada ni nadie podía destruirla más que la realidad, el Sol en la ventana o el despertador a un lado de su cuerpo tumbado sobre la cama de un asilo tóxico a gritos y a silencios, a sueños y a pesadillas.
A cruda realidad.