Se superponen con misterio y terror,
se acercan, se tapan dudosos,
se desconocen para volver a conocerse
y de pronto el cielo oscurece
porque los dos cierran los ojos
y se besan con remordimiento,
con engaño fatal de saliva,
con razones para correr y para quedarse,
quedarse bajo el ciprés
que los guarece de la lluvia que no cae,
con rencor, con furia, con desdén,
con orgulloso orgullo de ser
una, una sola persona
aunque sólo sea por un segundo
que termina para volver a comenzar
con cada beso que se besan
y con cada no beso que no se besan
y con besos que se mienten que se dan.