miércoles, 17 de septiembre de 2008

El Último Pozo.


Ella se durmió o soñaba que estaba despierta y él veló su sueño de diosa que tenía en jaque al rey. Pero el rey solo era un ratón temeroso atrapado por el gato negro de la botella que compró pero no probó porque el mareo en tetrapac es un juego de villanos. Decidió caminar sonámbula y entregarle algo de comprensión que tenía sabor a limosna obligada para esa cara de muerto ensangrentado. El moribundo no entendió la señal y una vez más escogió el salvavidas de plomo y se ahogó en su pozo, ese hoyo húmedo, que le era tan familiar que no supo cuándo dejó de respirar aire. Corrí a decirle que ya estaba finado, pero estaba tan cómodo allá al fondo, por fin se sentía abrazado, se sentía pleno, se sentía rodeado, su soledad se había acabado, llovía de abajo y refrescaba su desierto de años. Y le dió las gracias a ella, gracias a las estrellas y sobre todo gracias al vino que le resfrescó la muerte.




Roberto Silva.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Newborn Awakening.


Gentilmente se agitan, gentilmente ascienden. Los muertos son recién nacidos despertándose. Con desoladoras amputaciones y almas húmedas. Gentilmente suspiran en el extasiado funeral de asombro. ¿Quién llamó a esa muerta al baile? ¿Fue la joven mujer aprendiendo a tocar la canción del fantasma en su pequeño piano? ¿Fueron los desérticos niños? ¿Fue el mismo fantasma de Dios, tartamudo, animado, charlando ciegamente? Te he llamado para anunciar la tristeza cayendo como carne quemada. Te he llamado para desearte el bien. Para glorificarte como un nuevo monstruo. Y ahora te llamo para rezar.




Jim Morrison, Lizard King o Mr. Mojo Risin (Ídolo).

Poco se Sabe.


Yo no sabía que

no tenerte podía ser tan dulce como

nombrarte para que vengas aunque

no vengas y no haya sino

tu ausencia tan

dura como el golpe que

me di en la cara pensando en vos.
Juan Gelman.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Somos todos ratas
somos todos nada
somos todos cerdos
somos todos enfermos
somos todos golpeados
somos todos gritados
somos todos aquí
somos todos ni ahí
somos todos de ningún lugar
somos todos vecinos de la maldad
somos todos desquiciados
somos todos destrozados
somos todos mentirosos
somos todos numerosos
somos todos como vagos
somos todos los que deambulamos
somos todos medias-mitades
somos todos juguetes de nadie
somos todos no somos nada
somos nada nos queda todo...
Algo cae del cielo.
Un astronauta me pisa la cabeza.
Gravedad cero, se rompen mis costillas.
Amanece frío, cenizas de hielo en la maleza,
fuego, dolor, tristeza en las mejillas,
el viento compone música contra las puertas,
los mauseleos gritan y huelen a cáncer,
enfermedad de ricos,
un martillo cae sobre Orión escondido,
el Sol se despierta, se levanta, se atrofia,
camina ligero entre las espinas
que le desgarran los brazos cegadores,
el frío le corroe la destreza y la fuerza,
los ojos lo ignoran y lo olvidan y lo matan.
Al Sur de las tinieblas hay un ojo de cristal.
Agonizamos todos con caras tóxicas,
comunes y corrientes, con invierno en las narices,
con infierno en los ojos,
con fatalidad en la boca viva como pez,
con predecible sangre en las venas,
con nada que regalarle al amanecer
y con mentiras en la punta de la lengua.
El astronauta tiene epilepsia.
Las hojas caen sobre mi cuerpo muerto.
Los pétalos tienen veneno.
El camino siempre va al precipicio.
Siempre el precipicio te trae a mí,
me lees la idiotez con que escribo;
el astronauta en mi cabeza
pide permiso para descender.

Dos falsificadores de sonrisas que no ríen con temor a rechazo. Dos mentirosos jóvenes, entregados por completo al vicio de no decir la verdad, con los codos apoyados en una mesa, con la cabeza apoyada en las manos para que no se caiga de amor, de locura, de frenesí. Dos imbéciles con las mentes ocupadas, caminando por la calle con las manos prisioneras, con los ojos hipnotizados, con los labios sedientos de labios, con euforia bien escondida, a punto de reventarles los cuerpos, los estómagos triturados de sentimientos; dos mentirosos astutos que se saben mentir entre sí, intercambiadamente, mundos con risas, con besos, con amor.
Algo así como cansado, cansado de ver pasar a la misma gente por el mismo lugar cada día rutinariamente, como un deja vù, como una canción en repeat que sólo se anuncia a sí misma al final, como una taza cansada de ser llenada cada noche con agua a la hora del té, llenado cada día por los ojos y los oídos de imágenes y palabras que se repiten, se repiten, se repiten, con la esperanza de que la lluvia predecible, por fin, deje de caer sobre mí, para variar y salir corriendo por el mundo atrofiado a no cambiar y asustar a gritos a los locos de afuera de aquí.