miércoles, 10 de septiembre de 2008

Dos falsificadores de sonrisas que no ríen con temor a rechazo. Dos mentirosos jóvenes, entregados por completo al vicio de no decir la verdad, con los codos apoyados en una mesa, con la cabeza apoyada en las manos para que no se caiga de amor, de locura, de frenesí. Dos imbéciles con las mentes ocupadas, caminando por la calle con las manos prisioneras, con los ojos hipnotizados, con los labios sedientos de labios, con euforia bien escondida, a punto de reventarles los cuerpos, los estómagos triturados de sentimientos; dos mentirosos astutos que se saben mentir entre sí, intercambiadamente, mundos con risas, con besos, con amor.