viernes, 17 de abril de 2009

Te reconozco de lejos
y te miro y creo que me miras
con tus ojos descarriados de siempre
y tanta gente al rededor.
La ciudad nos divorció antes
pero ahora nos hace tropezar
como una hoja seca que cae sobre otra
o las sobras de almuerzo de ayer y anteayer.
Nos reconocemos en seguida,
me conoces y no lo niegas,
te conozco y no salgo corriendo.
Estoy bañado de tiempo
y tú estás bañada de relojes.
Te miro, te guiño, te tiro un beso,
te espero con paciencia.
Miras para todos lados, me vuelves a mirar,
te muestro el mejor de mis dedos:
No vuelvas nunca a aparecerte de nuevo
o te muerdo una oreja.